Yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré.

Es la letra de una canción de Alaska que todos hemos cantado alguna vez, pero también es la típica  frase de muchas personas para justificar ser muy desordenadas, no llegar a tiempo nunca, dejar las cosas para el último momento. Una excusa que utilizan aquellos que saben que no está bien lo que hacen y que no tienen pensado cambiar. Todos conocemos a un amigo que es un desastre con el orden en su casa, o ese que siempre llega tarde y nos hace esperar, o aquel que entrega sus tareas in extremis y le disculpamos diciendo:

 “Mi amigo es así, no hay nada que hacer con él, no va a cambiar a estas alturas”.

¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

De eso nada te digo, las personas pueden cambiar y lo hacen varias veces a lo largo de su vida. Si el entorno cambia, nosotros lo hacemos con él. La necesidad de adaptarnos al medio es la que produce esos cambios vitales. Aunque es cierto que la tendencia es hacia la estabilidad, eso no significa que seamos inamovibles. La vida en sí misma es un cambio.

Luego viene claro, el querer o no querer cambiar porque una persona no cambia si no toma conciencia de cómo es o no tiene ningún interés en saber porque se comporta así, por mucho que las personas de su entorno se lo digan o le intenten cambiar. Cambiar requiere trabajo y no todas las personas están dispuestas a esforzarse y buscan excusas para no hacerlo. Yo siempre les digo “No me cuentes historias, que a mí no me la das”.

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Sufrir “a crédito”

Sufrir a crédito es lo que defino como sufrir al ocuparse con insistencia de algo antes de que suceda, lo que generalmente causa miedo o temor.

 

¿Tiene sentido sufrir por lo que todavía no ha ocurrido?

 

Hay personas que siempre están sufriendo por lo que pueda pasar, piensan en posibles peligros o problemas y la preocupación constituye una compañera permanente que no les deja vivir con tranquilidad. Se sienten nerviosas fácilmente y suelen tener dificultades para conciliar el sueño o concentrarse. Su mente está siempre en estado de alerta, dando vueltas alrededor de algo que en ese momento les preocupa, tienen lo que llamamos coloquialmente un “run run” que no se quitan de la cabeza.

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Cuando la adversidad te visita, ¿tú qué haces?

Este tema da para mucho y no nos vamos a engañar, podemos decir alto y claro que la adversidad no nos gusta nada, nada. Cuando personas cercanas nos comentan: “Estoy pasando un mal momento, no sé qué hacer, ya no puedo más, estoy cansado de luchar”, vemos que están buscando nuestra compañía, ayuda o consejo para luchar  y vencer esa adversidad que les visita y les hace sentir mal, porque cada persona vive las dificultades de manera distinta.

¿Cómo te enfrentas tú a la adversidad?

Quiero contaros la historia de la zanahoria, el huevo y el café, que está relacionada con cómo podemos enfrentarnos a la adversidad.

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Soy mindfulness. ¿En qué puedo ayudarte?

Llegó a mí de forma casual,  tengo que confesar que no sabía mucho del tema pero mi curiosidad hizo que me inscribiera en un programa de 8 semanas de Mindfulness. Yo había practicado meditación y yoga, y pensé  “por ahí van los tiros”. Sí y no, si tiene de los dos pero es mucho más que eso.

El mindfulness, tal y como hoy lo conocemos,  es el resultado del trabajo realizado en los años 70 por Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular, investigador y profesor emérito de Medicina de la Universidad de Massachusetts. Creó un programa de reducción del estrés destinado a pacientes afectados por distintas enfermedades. Su programa de ocho semanas estaba fundamentado en la meditación y la conciencia corporal combinados con posturas sencillas de yoga. El programa se conoce como MBSR (siglas en inglés) o reducción del estrés basado en mindfulness.

¿Qué es el mindfulness?

El mindfulness o atención plena es una práctica que consiste en anclar la atención intencionadamente en el momento presente y tomar conciencia de la naturaleza de las cosas de forma compasiva y libre de juicio. También es una invitación a desactivar el piloto automático y volver a conectarnos con la realidad en toda su riqueza. Nos da calma, bienestar y equilibrio interior.

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